Diciembre 2007


Me tomo unos días de (¡¡merecidas!!) vacaciones, pero no sin antes dejaros con este post lleno de espíritu navideño. ¡¡Felices fiestas!!

Dosdoce publicaba la semana pasada un post con lecturas recomendadas para la Navidad. Y ya tengo un nuevo título en mi cola de lecturas pendientes: Web 2.0 – El Negocio de las Redes Sociales. El informe es obra expertos de Bankinter y Accenture, dentro del FTF Forum. La descarga del documento es gratuita, y se puede bajar al completo o por capítulos.

La publicación se centra en la aplicación de las redes sociales a las empresas, que “abre nuevos modelos de negocio y estándares de relación con los usuarios”. En definitiva, “ofrece una visión general sobre el fenómeno de la Web 2.0 y de su repercusión sobre las redes sociales”. Podéis encontrar una reseña en el Observatorio para la CiberSociedad.

Hace unos días María Gil-Casares anunciaba la presentación del libro “Organización y psicología en comunicación interna”, escrito junto con Giorgio de Marchis y Francisco Javier Lanzas, y reproducía el prólogo, firmado por José Manuel Velasco, director de comunicación de UNION FENOSA y presidente de Forética. También podéis leer la entrevista de PR Noticias.

Destaco el comentario de Ángel Pintor en el blog de María, sobre “las tres grandes “T” en CI: comunicar con Transparencia, hacerlo Todos, y aprovechar las posibilidades que a cada momento va prestando la Tecnología.”

Y reproduzco dos preguntas de la entrevista que me parecen especialmente interesantes:


¿De quién debe depender la Comunicación interna, de
Recursos Humanos o de la Dirección General de Comunicación?
Desde mi punto de vista, ambos departamentos deben trabajar juntos a la hora de poner en marcha un plan de Comunicación Interna. Ambos aportan informaciones que se deben tener en cuenta. A efectos prácticos, pienso que debe depender del departamento de Comunicación pero es una opinión personal. Conozco organizaciones en las que depende de Recursos Humanos y funcionan muy bien. En
cualquier caso pienso que se trata de sumar.

Blogs corporativos, messenger, wikis, twitter, facebook… ¿cómo influyen este tipo de aplicaciones 2.0 en el desarrollo de proyectos de Comunicación Interna?
Es demasiado pronto para poder ver una evolución en este sentido en España. Sin duda, son herramientas que tienen una gran importancia y que se están potenciando, pero pienso que es necesario esperar para hacer una valoración con cierto rigor.

Ya tenemos otro título para encargar a los Reyes.

El miedo a las consecuencias que las nuevas tecnologías puedan tener sobre la salud del ser humano no es algo nuevo. La “infoxicación” a la que se refiere Alfons Cornella, ¿puede convertirnos en pacientes sobreinformados y cibercondríacos? Hay opiniones para todos los gustos, pero últimamente me he estado documentando bastante sobre el tema, por un proyecto en el que colaboro, y he de decir que diversas fuentes coinciden en que no hay por qué alarmarse. Al parecer, usamos internet para buscar información de salud, como hacemos con casi cualquier tema hoy en día, pero somos bastante conscientes de nuestras propias limitaciones a la hora de interpretar dichos datos, según demuestra el Proyecto Internet Catalunya (PIC) de la UOC, que se hará público en breve.

Precisamente sobre este tema estuvieron debatiendo el pasado martes en Madrid, en el marco de la jornada “El papel de las nuevas tecnologías en la divulgación del conocimiento científico”, organizada por la Fundación Lilly en Madrid (podéis consultar el programa, en pdf).

Y leo en un resumen publicado por Victoria Quesada en Diario Médico que “Internet se configura como una de las fuentes principales de información para profesionales sanitarios y pacientes” y “como un instrumento para lograr una atención sanitaria más eficiente”, en palabras de Javier González de Dios, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital de Torrevieja y miembro del Comité Científico de Medes.

Coincidieron todos los ponentes en que el acceso a esta información en internet tiene más ventajas que riesgos y, según apuntó González de Dios, “contribuye a que se elimine el modelo de relación paternalista en la que predominaba la asimetría de la información. Ahora hemos conseguido un modelo mucho más democrático y enriquecedor para todos”. O sea, que según los propios profesionales de la salud, estamos ante una oportunidad más que ante un riesgo. Siempre, creo yo, que se gestione adecuadamente el acceso a la información y que se creen sistemas que permitan saber qué fuentes de información son fiables. Es el punto débil de Internet, en éste y en todos los ámbitos: la calidad de la información. Y es, por tanto, el gran reto que hay que afrontar.

¿A qué huelen las cosas que no huelen? Este conocido eslogan publicitario es perfecto para iniciar el post de hoy. Hace casi un año que os comentaba una nueva tendencia en comunicación: crear un perfume corporativo para fortalecer la imagen y hoy veo un artículo sobre el tema en Bidireccional (aunque el post es de octubre). Paul cita un artículo de Expansión en el que se preguntan: “¿A qué huelen las marcas?”.

Explica el artículo que la “identidad olfativa” de las marcas es la gran olvidada, pues “la mayoría de firmas ha basado su identidad corporativa en la imagen (el logotipo, el patrocinio o el mobiliario de los establecimientos) y el oído (el hilo musical de las tiendas o la melodía de un anuncio en televisión).” Sin duda, el efecto que tienen los olores sobre los consumidores es un aspecto a tener en cuenta. De la misma forma que la música animada incita a la compra, creo que los olores pueden influir positiva o negativamente sobre nosotros a la hora de tomar la decisión de compra. O, como mínimo, contribuyen a que nos sintamos cómodos o no en una tienda, por ejemplo.

Pero volviendo al tema de la identidad de marca, quiero destacar la puntualización de Paul Capriotti, gran experto en el tema: “como siempre digo e insisto en mis clases y conferencias, estamos hablando de un elemento de “comunicación” de los atributos de la identidad corporativa, y no de la identidad de la organización en sí (las imágenes, sonidos y olores son la “expresión visual, acústica y olfativa” de la identidad corporativa, y no la identidad en sí). Por lo tanto, estamos hablando de un instrumento de comunicación, y no de una parte de la identidad de la organización.” Y es cierto que suele insistir en estos aspectos, porque la aclaración me ha recordado a las clases que nos impartió en el máster y a su magnífico libro Planificación estratégica de la imagen corporativa, cuya lectura os recomiendo.

Disney, los hoteles Hilton y los restaurantes Hard Rock ya tienen su propia fragancia corporativa. En España, Pans & Company, Dunkin’ Donuts, Telefónica, Cinesa y Mango, por ejemplo, también se han sumado a la tendencia. Y en el artículo encontraréis más ejemplos. Pero antes de dejaros con la lectura, destaco un dato: “el ser humano recuerda el 35% de lo que huele, frente al 5% de lo que ve, el 2% de lo que oye y el 1% de lo que toca, según un estudio de la Universidad de Rockefeller (Nueva York)”. No es cuestión de obsesionarnos con los olores, pero sí que es un aspecto a tener en cuenta. ¿Habéis leído o visto El Perfume? Dejando a un lado los instintos asesinos y la obsesión por los olores del protagonista, ¿no es fantástico el poder que las fragancias puede tener sobre las personas? Aunque los efectos que aparecen en la historia Patrick Süskind puedan ser exagerados, ¿quién no relaciona un olor determinado con la infancia, con su casa o con los pastelitos de la abuela?

Leía hace unos días en El Periódico una entrevista a Bruce Chizen, el que ha sido presidente de Adobe hasta el pasado 1 de diciembre, aunque aún sigue vinculado con la empresa como asesor. Le preguntaba la periodista Carmen Jané qué diferencia el software de hace 2 décadas del actual y Chizen le respondía:

“Los clientes tienen ahora expectativas más altas de interactuar con compañías y de experimentar información. Para tener éxito en este nuevo escenario, las empresas han de ir más allá de informar a los consumidores para llegar a involucrarlos y conectar con ellos como no lo habían hecho antes.”

Pues estamos de acuerdo. Se puede explicar de otra manera, pero no más claro. Es una idea que ya hemos comentado muchas veces en Blog-o-corp, pero sin duda si quien la pronuncia es el gran gurú de Adobe, parece que toma más consistencia.

A estas alturas no creo que ninguno de los que estáis leyendo este post se haya resistido a buscar su nombre en el Google. Y esos resultados están visibles para todo el mundo, también para las empresas de selección de personal y los departamentos de recursos humanos. Hace poco, un colega me comentaba que cuando busca a un nuevo empleado para su empresa (relacionada con la comunicación y las nuevas tecnologías), descarta a los candidatos si no encuentra ninguna referencia suya en la red. Y no es el único. En el Reino Unido, un 20 % de los responsables de personal busca información de los candidatos en internet y el 60 % de ellos reconoce que los resultados obtenidos le influyeron de algún modo. Hasta el punto de que una cuarta parte ha llegado a rechazar a un candidato por los datos descubiertos en la red. Vamos, que no es para tomarse el asunto a broma. Descubro estos datos de un estudio de Viadeo en un artículo del suplemento de Trabajo de La Vanguardia, cuyo título resulta revelador: “ el pasado vive en la red“.

Pero tampoco todo es negativo, no vayamos a ser fatalistas. Un 13 % de los responsables de Recursos Humanos dice que lo que leyó en la red sobre el candidato le influyó positivamente.

En España, esta práctica no está tan generalizada, pero va en aumento. Ya hay consultoras que comienzan a rastrear la red, en especial los headhunters o cazatalentos. Pero ante estos datos, el sentido común nos indica que antes de ir a una entrevista lo mejor es monitorear la red para ver qué dice de nosotros. Es decir, que ahora más que nunca es indispensable gestionar la propia marca, como ya nos recomiendan las chicas de Manfatta. Tendremos que pedirnos el libro Y tú, ¿qué marca eres?, de Neus Arqués, para Reyes. Por cierto, que veo que también hablan de este tema en su blog.

Actualización 12/12/07: Pedro Sánchez Pernia, director de Viadeo.com España y Portugal, ha seguido el rastro de este post y nos informa de que podemos encontrar el estudio completo en su web. Por cierto, que Sánchez Pernia también tiene blog: TecnoTribu.

Me ha parecido curiosa esta reflexión sobre la distinción, que sin duda existe, entre contenido generado por usuarios y aprovechamiento de la inteligencia colectiva. Lo encuentro en el blog de Francis Pisani, en un post escrito a raíz del Summit Web 2.0 celebrado en San Francisco. Explica Pisani que en una de las sesiones, el propio Tim O’Reilly, creador del concepto “web 2.0″, inició un debate sobre la distinción entre “user generated content” (UGC) y “harnessing collective intelligence” (HCI). Es decir, entre el contenido generado por los usuarios y el provecho que se le puede sacar a la inteligencia colectiva.

O’Reilly siguió con el tema en su blog, para concluir que:

“Web 2.0 concepts like harnessing collective intelligence and lightweight, responsive software development are intimately related. They require new competencies, new development models, and new attitudes towards the application development process.”

Podéis encontrar más información sobre el concepto de “harnessing collective intelligence” (HCI) en la web de O’Reilly. La lección, según el gurú de la era 2.0: “Network effects from user contributions are the key to market dominance in the Web 2.0 era”.

El País publicaba ayer un interesante artículo sobre el siempre polémico asunto de la medición de audiencias. Más polémico aún, si cabe, cuando se trata de medir las audiencias en internet.

Siempre me ha parecido curioso el sistema de paneles: analizar una muestra representativa, estudiar sus comportamientos y extrapolar los resultado al resto de la sociedad. Cuando en la carrera nos explicaban el sistema, siempre nos preguntábamos lo mismo: “¿alguien conoce a alguien que tenga uno de estos receptores-medidores en casa?”. Pues no, nadie conocía a nadie, como reza el título de la película.

Medir la audiencia en la red es aún más complicado. ¿Cómo diferenciar un click por equivocación de otro que ciertamente se hace por interés? ¿Cómo medir el tiempo que la persona está en la página si puede tener la ventana minimizada y estar haciendo otras cosas a la vez? Al parecer, otro de los grandes problemas para esta medición es que muchos internautas acceden a las webs desde su trabajo. Por supuesto, la mayoría de ocasiones a escondidas. ¿Cómo se mide eso que nadie estará dispuesto a admitir delante de su jefe?

Un tema complicado, sin duda. Os recomiendo la lectura del artículo de El País. No da soluciones milagrosas, pero hace un breve repaso por los sistemas empleados por Nielsen y por la OJD Interactiva.

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